La figura de la curaduría ad litem

La curaduría ad litem es una curaduría especial y dativa,
conferida por un juez específicamente para un pleito, con el fin de que una
persona sea representada procesalmente (Código Civil, artículos. 435, 443 y
583).

El artículo 46 del Código de Procedimiento Civil, de acuerdo
con la reforma que le fue introducida por el art. 1, numeral 18 del Decreto 2282
de 1989, define las funciones y facultades del curador ad litem así:

?Art. 46. Funciones y facultades del curador ad litem. El
curador ad litem actuará en el proceso hasta cuando concurra a él la persona a
quien representa, o un representante de ésta. Dicho curador está facultado para
realizar todos los actos procesales que no estén reservados a la parte misma,
así como para constituir apoderado judicial bajo su responsabilidad, pero no
puede recibir ni disponer del derecho en litigio.

?Sólo podrán ser curadores ad litem los abogados
inscritos; su designación, remoción, deberes, responsabilidad y remuneración se
regirán por las normas sobre auxiliares de justicia?.

En la sentencia C-250 de 1994, la Corte Constitucional se
refirió a la función que cumplía el curador ad litem. Señaló en esa oportunidad
la Corporación:

?El curador ad litem, también llamado para el pleito, como
se recordará, es un abogado titulado que actúa en un proceso determinado en
representación de una persona que no puede o no quiere concurrir al mismo y cuya
función termina cuando el representado decidiere acudir personalmente o mediante
un representante. Dichos curadores especiales son designados por el juez del
conocimiento y sus deberes, responsabilidades y remuneración son las mismas que
rigen para los auxiliares de la justicia. El curador ad litem está autorizado
para realizar todos los actos procesales que no estén reservados a la parte
misma, así como designar apoderado judicial bajo su responsabilidad, sin embargo
no se le permite recibir ni disponer del derecho en litigio, de conformidad con
lo dispuesto en el artículo 46 del C.P.C.

En este contexto, la institución del curador ad litem tiene
como finalidad esencial proteger los derechos del ausente, que no por estarlo
puede recibir un tratamiento procesal desventajoso, pues éste redundaría en
menoscabo de algunos de los derechos sustantivos que en el proceso se
controvierten. Constituye, entonces, un instrumento protector del derecho
fundamental de defensa.

Igualmente, en la Sentencia C-1091 de 2003, se indicó que
?en el contexto del proceso ejecutivo, con la figura del curador ad litem el
legislador garantiza a la persona ausente del proceso que sus intereses serán
representados y defendidos.?

Y en la sentencia T 299 de 2005 la Corte Constitucional
sostuvo:

?Como se observa, la figura del curador ad litem tiene por
fin brindar representación al que no concurre al proceso ? de manera inadvertida
o intencionalmente ? con el objeto de garantizarle su derecho a la defensa. De
acuerdo con el artículo 46 del C.P.C., el curador ?está facultado para realizar
todos los actos procesales que no estén reservados a la parte misma, así como
para constituir apoderado judicial bajo su responsabilidad, pero no puede
recibir ni disponer del derecho en litigio.? Ello indica que el curador ad litem
está autorizado para realizar todas las actuaciones tendientes a proteger los
intereses de su representado, dentro de las cuales se encuentra obviamente la
proposición de una excepción de mérito destinada a que se declare que la acción
cambiaria ha prescrito. Pues, al fin y al cabo, ¿qué puede ser más favorable a
un demandado que obtener que se declare que la acción que se podría intentar
contra él ya ha fenecido??

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